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| CÁRCAVO |
En muchos lugares de Extremadura, el cárcavo es el ‘conjunto de huesos de la concavidad del vientre del animal, especialmente en las aves, entre la pechuga y los muslos’. Vosotros os coméis la pechuga y los muslos del pollo, y a mí me dejáis el cárcavo. También se utiliza para referirse a ‘una persona delgada, huesuda y avejentada’, un carcamal (palabra esta que deriva de cárcamo variante de cárcavo) o, como se suele decir, para echar en una cárcava.
Cárcavo es alteración del antiguo cácabo ‘cazo, caldereta’, con una conflictiva r en la primera sílaba por interferencia de otras palabras, del latín caccabus ‘olla, cazuela, caldero o cualquier objeto con forma cóncava’. Con la idea de cavidad se aplicó después al hueco de la rueda del molino y a la cavidad interna del vientre del animal. En latín caccabus es un préstamo del griego kakkabos 'cazuela, caldero o recipiente similar'.
El «Diccionario de la L. E» actual reconoce cárcavo con estas dos acepciones, una vigente y la otra ya en desuso: 1 Hueco donde gira el rodezno de los molinos. 2 Desus. Concavidad del vientre del animal. Esta inclusión hace que no se publique en muchos de los vocabularios locales extremeños con este valor.
Temporalmente la segunda acepción (cárcabo del vientre) es la primera en aparecer documentada, ya que Antonio de Nebrija la registra en su «Vocabulario español-latino» (1495); donde el andaluz se dejó algunos pelos de la dehesa por su residencia temporal en Extremadura y Salamanca. Lo cierto es que el primer diccionario académico (o de Autoridades 1729), fiado de la autoridad del insigne gramático lo registra tal cual: Cárcavo: "El cóncavo y hondura del vientre del animal, según dice Nebrixa, que traduce en latín Barathrum". Según dixo Nebrixa porque a la Academia este significado no le suena de nada y no tarda en tildar el término en la siguiente edición (1780) de anticuado y así lo ha venido considerando hasta la edición impresa de 1992 y, como desusado, en la actual edición digital (2026), sin atreverse a desalojarlo en consideración a su eminente padrino.
Tampoco sabían, por lo visto, que la palabra sigue usándose en Extremadura con el valor indicado por Nebrija, sin el sambenito de anticuado o desusado, al que se le ha agregado la acepción figurada de ‘persona vieja y flaca’, lo que prueba su vitalidad. Tal vez por poco tiempo, pues en castellano está arrasando el catalán (y valenciano) carcassa ‘esqueleto, caparazón del ave’ (del francés carcasse), que amenaza con desplazar para siempre el genuino cárcavo tan amorosamente conservado hasta el momento por nuestra gente.
Haciendo caso omiso a la docta casa, Bartolomé J. Gallardo (extremeño tenía que ser) en su «Diccionario Crítico-Burlesco» (1838) emplea cárcavo con el sentido de marras, burlándose de cierta disparatada definición de alma:
Nadie antes que el diccionarista, había dicho que el alma es un hueso, y mucho menos un hueso que hay en el cerebro, o en el diafragma. ¿En el diafragma?, ¿en aquella como piltraca que está en el cárcavo o hueco del cuerpo, sirviendo de medianil entre el pecho y el vientre?, ¿y allí hay un hueso?
Cárcavo o hueco del cuerpo, que quede claro. En el sur de Salamanca se conserva, según los recopiladores locales, cárcavo con la misma acepción de ‘concavidad del cuerpo del cerdo después de sacarle las entrañas’ (en Huebra, Cespedosa, Guijo de Ávila); además de la de ‘persona vieja y achacosa’ (en El Maíllo, El Cabaco y Linares de Riofrío) aunque sea sin licencia oficial.
Velo Nieto registra de manera excepcional en «El habla de Las Hurdes» (1956) cárcavo con el sentido académico de ‘hueco en que se encuentra el rodezno de los molinos’, pero...
En el resto de Extremadura además de carcasa y cavidad interna del vientre, aparece con el significado metafórico referido a la persona vieja y flaca (que también tiene en nuestro pueblo). Valga como botón de muestra este recogido por Pedro Barros García en Arroyo de San Serván en un «Estudio sobre el léxico arroyano» (REE, 1977):
La voz fino no tiene valor peyorativo, se aplica a la persona delgada, pero no en exceso. La que además de estar delgada parece avejentada, es un cárcavo, un carcamá o un pellejo.
Palabras y cosas de Extremadura

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